Los viajes son oportunidades únicas, para descubrir nuevos paisajes, probar nuevas comidas, conocer otras personas, otras culturas, para conocernos a nosotros mismos.

No hay dos viajes iguales, aunque vayamos al mismo lugar y me refiero no solo a que dos personas distintas van al mismo lugar sino a nosotros mismos. Ya lo decía Heráclito: no nos bañamos dos veces en el mismo rio, porque ni el rio ni nosotros somos los mismos.

Cuando decidí viajar a Islandia me entusiasmo el tema de la mitología vikinga, de los días tan largos   ( en junio tiene días de exactamente…. 24 horas, literal, 24 horas), de la posibilidad, muy remota de poder ver alguna aurora boreal (no pierdo las esperanzas pero son poco frecuentes en Agosto) y las bellezas naturales.

Jamás, pero ni en mis sueños dimensione lo que iba a significar vivir la naturaleza en su máxima expresión, tenerla al alcance de la mano y atravesar en un mismo día paisajes tan diferentes unos de otros y a la vez tan diferente de lo que vemos cotidianamente.

Pienso que para ver cataratas en Argentina volamos a Iguazú y si quisiéramos ver el Glaciar Perito Moreno en el mismo día seria casi casi imposible.

Hoy , en apenas unas horas pasamos de un paisaje de cataratas a un desierto de lava , para sin apenas darnos cuenta estar en orilla de un lago glacial que desemboca en el océano Atlántico donde flotan los icebergs que se desprenden continuamente y que tiene nada mas y nada menos que millones de años.

Cuando escribo esto, estoy sentada frente a un ventanal enorme en la galería del hotel cerca del pueblo de Hofn viendo enfrente mio una lengua del glaciar, una montaña cubierta de verde, un lago y todo me parece absolutamente natural, teniendo que recordarme a mi misma que estoy frente a una postal, que mi vista se acostumbro en poco tiempo a la belleza y a lo majestuoso de la naturaleza.

Hoy viajamos aproximadamente 270 km ( adjunto mapa para los que quieren ubicarse), empezamos visitando la iglesia Vik, ubicada estratégicamente en una colina que mira al Atlántico, en un pueblo de 400 habitantes ( y es el mas grande que vamos a visitar en todo el recorrido) para rápidamente llegar unas cataratas de nombre impronunciable.

Casi todos los nombres son impronunciables. Quizás se acuerden que hace unos años erupciono un volcán en Islandia que desparramo sus cenizas por todo Europa y obligo a cancelar cientos de vuelos. Nuestro guía en el walking tour en Reyjavik comentaba que les resultaba gracioso escuchar a los periodistas de los distintos países europeos intentando pronunciar el nombre del volcán y fracasando una y otra vez, nos dio un tip para acordarnos a su nombre , decir rápidamente y todo seguido I forgot yogur….algo parecido a como suena es el volcán en cuestión.

Las cataratas impronunciables eran realmente bellas, pero son una de las tantísimas que paramos para ver o que vemos desde el camino. Hoy mismo desde la habitación del hotel me di cuenta de que tengo la vista de unas enfrente mío.

Atravesamos un campo de lava, el desierto de Eldhaurn cubierto de musgo que tiene cientos de kilómetros de extensión, una tierra muerta que se originó con la erupción del volcán Laki entre los años 1783 y 1784, que duro ocho años y produjo millones de muertes de personas, ganado , naturaleza y altero climáticamente no solo Islandia sino el resto de Europa e incluso Japón e India. 

En algún momento, mágicamente empezamos a ver un lago de origen glaciar y allí nos dispusimos a ir. Nos embarcamos para navegar a través delo icebergs, los desprendimientos constantes del glaciar.

El lago se comunica a través de un rio muy corto con el océano Atlántico y cuando los icebergs van disminuyendo su tamaño, especialmente su base que es significativamente mas grande que lo que vemos en la superficie, navegan libremente por el rio y desembocan en el mar. A esta playa se la llama Playa de Diamantes porque los trozos de icebergs, absolutamente limpios semejan un diamante o Cementerio de Icebergs.

Es impresionante verlos flotar a la deriva, sacudidos por las olas y con una belleza majestuosa como si se resistieran a desaparecer, como erigiéndose todavía en los dueños y señores de esta parte de la tierra.

Seguimos viendo el glaciar, desde distintos ángulos en gran parte de nuestro recorrido al hotel, en pelo campo, con la vista que ya les mencioné.

No para de sacar fotos, nada me alcanza, quiero retener todo en mi vista pero a su vez quiero transmitirlo en las fotos. Es difícil, es todo tan magnificente que no me alcanzan los sentidos para captarlo.

 Solo me sale una frase: la pucha que vale la pena estar vivo.  Estoy feliz, tanta belleza supera lo que esperaba encontrar.

Moraleja: a veces, la mayoría de las veces es bueno dejarse sorprender….