Mi posteo de hoy es absolutamente personal. La pregunta que sigue es: ¿hay alguno que no lo sea? Soy una convencida que escribimos siempre desde nosotros, para nosotros y por nosotros. A veces digo que escribo para no ir a terapia, pero lo cierto es que la escritura permite una exploración y un conocimiento de uno mismo que en pocos ámbitos lo encontré.

Pero ahí voy, el año pasado me inscribí en un workshop de Subpersonalidades; no desesperar si no saben de que se trata todo se develara cuando terminen de leer, o al menos se aclarara.

Por distintos motivos no lo pude hacer. Me había inscripto, a último, momento me surgió una escapada de fin de semana y finalmente ni lo uno ni lo otro, me enferméy estuve todo el fin de semana en cama, a puro tecito , corticoides y nebulizaciones.

Este año, casualmente vi que volvían a darlo y me inscribí. La semana anterior, hablando con una amiga, terapeuta, compañera de ruta y guía me comenta que cuando me ve le recuerdo a los arquetipos de Jung, específicamente al buscador, al explorador, al seeker.

-Sos una buscadora nata, buceas en vos y por eso en el medio del tumulto y del ruido, no te perdes, podes encontrarte a vos misma y estar en paz.

El sábado y el domingo, finalmente fue mi turno para el seminario: 5 horas cada día. 10 horas de puro autoconocimiento. Puede sonar mucho, pero siempre me quedo con ganas de más.

Apenas empezamos, la coach habla de las subpersonalidades que nos componen, como capas de una cebolla. Creemos que somos absolutamente homogéneos, que somos de una manera muy definida y sin embargo, somos seres mucho mas complejos. Nacemos con la curiosidad a flor de piel, nos queremos comer el mundo, somos creativos, juguetones, desordenados, no tenemos límites. Somos esos chicos que dan vuelta la caja de juguetes para ver que hay adentro.

De a poco, nos van diciendo que hay que ordenar, que así no se juega, que en ese desorden no vas a encontrar nada. Nuestros padres, los adultos que nos rodean, los maestros nos van moldeando y vamos dejando olvidados a esos chicos que nos hacían reír, divertir y emocionarnos tanto. Después nos pasamos la vida trantdo de recuperar a nuestro niño interior.

Estamos compuestos también por personalidades más críticas, perfeccionista, controladoras, por otras mas conectadas con el don Juna o la afrodita que llevamos dentro y que no tiene que ver solo con la sexualidad sino con ese imán que atrae a las personas, ese magnetismo que irradian algunos. Una de las cosas mas interesantes es entender que no hay personalidades buenas o malas, todas están allí para ayudarnos, para permitirnos crecer, para sentirnos armónicos.

 Podría escribir hojas y hojas sobre el tema, pero lo mas importante es lo que este taller me produjo. Estuve con la sensibilidad de piel todo el fin de semana. Si hubiera una escala Richter para medir las movilizaciones en las personas la mía estaría en el grado más alta. Me di cuenta de que nunca dejamos de ser esos niños creativos, imaginativos, los que no necesitan nada más que su cuerpo y sus emociones para imaginar otros mundos. No desaparecen, están bien bien ocultos, tapados por otras capas que les dicen que ser adulto es otra cosa, que nadie los va a aceptar en un mundo de grandes si se comportan como chicos-

El trabajo es reencontrarlos, sacarlos a pasear, mimarlos. no se trata de volver a ser niños, pero si de incorporar su frescura a nuestra vida. Llore mucho el fin de semana, llore como una nena., llore por esa nena que fui…

El seminario llego como todo, en el momento justo, ni antes ni después. Era este el momento.

El lunes a la mañana me opere de la vista, justicia poética: empiezo a ver mejor y a intentar recuperar lo que deje muy olvidado allá lejos y hace tiempo. Nuevas etapas, nuevos desafíos, nuevas maneras de mirar…