En mi último post escribía que vuelvo, siempre vuelvo a mis lugares, mi casa, mis rutinas y mis afectos y sin embargo siempre me cuesta volver.

La vuelta es un reencuentro con nuestra realidad, la de todos los días, con sus cosas buenas y su cosas malas, con los problemas que dejamos sin resolver antes de irnos y de los que tenemos que ocuparnos ni bien llegamos.

Me lleva unos días reacomodarme. Hace mas de un año que estoy reacomodándome y siempre surge alguna arista nueva , algo en lo que no había pensado, cosas de las que no me ocupaba y ahora me ocupo.

No todo es malo en lo imprevisto, muchas veces las cosas me sorprenden para bien, o dentro de lo malo aparecen sonrisas  inesperadas, palabras de quien uno no esperaba, un consejo que es bienvenido.

Las relaciones cambian permanentemente, algunas se deterioran definitivamente, otras se aggiornan y rejuvenecen, son pocas las que permanecen exactamente igual a través de lo años. Es como pensar que nosotros permanecemos igual,  un imposible, y tampoco deseable.

Impensable y triste a la vez, el no cambio es de alguna manera el no crecimiento y ninguno de nosotros queremos eso para nuestras vidas.

Ayer Dana me mostro un regalo que recibió de una amiga que volvió de viaje: un dije con la enredadera de la vida.

Me lo muestra y me dice:

– es como la vida, nunca es lineal, es enredada, tiene recovecos, vueltas….

Me quede pensando. Me gusto la analogía. Un poco contrario a lo que a veces pensamos como una buena vida, una vida lineal, sin sobresaltos, siempre para delante.

Es imposible, es triste, es poco desafiante, es monótono. Crecemos, cambiamos en esas vueltas, en esos enredos. Sacamos fortalezas que no sabemos que teníamos, lloramos muchas lágrimas, reímos muchas risas, nos emocionamos, pensamos, elegimos, buscamos alternativas.

A veces se trata de tener paciencia, de no ponernos ansiosos. Las cosas llegan, si sabemos esperarlas, si no nos atolondramos y salimos a buscarlas como desaforados, como el conejo a la zanahoria, como un premio.

El premio, el premio son esas vueltas, ese entramado de relaciones, vivencias, encuentros y desencuentros. Lo otro, la línea recta es un trayecto aburrido y monótono, aunque a veces pensamos que eso es lo que queremos.

Mis vueltas, literales y figuradas son eso, caminos en la búsqueda y por eso a veces me cuesta. Siempre, en algún momento, hay un remanso, hay una parada reparadora, hay alguien que te dice :

Seguí, vas bien….

Generalmente ese alguien es nuestra propia voz.

 Al fin y al cabo quien nos conoce más que nosotros mismos?