Escribimos de lo que nos duele, de lo que nos hace llorar, de las equivocaciones y las frustraciones.

Escribimos para rearmarnos, para juntar las piezas, para armar el rompecabezas.

Escribo, en primera persona. No se porque lo hacen los otros, puedo suponerlo pero no puedo asegurarlo. La escritura es absolutamente personal, como la vida, lo que vemos, lo que decidimos borrar, o no ver, o ver borroso.

Cuando estaba de viaje me centre mucho en la mirada, mirar con todo el cuerpo, estar alerta permanentemente, fijar la vista en un punto y seguirlo hasta agotar todo lo que puedo descubrir.

En ese momento decidí que quería escribir historias de la mirada, una serie de reflexiones, artículos, estampas, un potpurrí sobre lo que es ver, lo que es mirar y lo que significa ser mirado.

Todavía no se como llevarlo a cabo, no se si me faltan herramientas, me sobran ideas, me enrosco en las palabras o si simplemente la palabra no alcanza para transmitir lo que quiero.

La palabra nunca alcanza, el sentir y el mirar están en una dimensión diferente que el decir.

La palabra recorta una parte de la realidad, la palabra es una manera de mirar, de pensar, de valorar. Hoy en mi taller de escritura hablamos un poco de eso los adjetivos que usamos muestran un poco, un poco bastante diría yo, la ideología que sostenemos, la clase a la que pertenecemos, el circulo en que nos movemos. Las palabras no son inocentes, no es lo mismo decir hermoso, bello, lindo o exquisito, majestuoso, agraciado.

Volviendo a la mirada, vemos lo que queremos, o lo que podemos, o lo que nos dejan, o lo que nos da el cuerpo o la emoción. Vemos una parte y a partir de ahí construimos un todo. A veces nos equivocamos …

Hace poco hablaba con una amiga. Me contaba que muy poco antes de separarse de su primer marido, el padre de sus tres hijos le diagnosticaron un glaucoma. Estuvo a punto de perder la vista. Las sesiones de terapia la ayudaron en ese momento a ver una realidad que no quería ver, porque era muy dolorosa, porque la obligaba a tomar una decisión y ella no estaba preparada para eso. No todavía. El cuerpo le aviso antes que la cabeza y la palabra que ya era tiempo, que no podía postergarlo más.

Otra persona que conozco sufre de cataratas, tiene la vista nublada, no ve claramente lo que tiene delante de sus ojos. A veces alcanza con una intervención de un médico, a veces hace falta otro tipo de solución. Aprender a mirar, ver lo que tenemos adelante, parece sencillo. No siempre lo es.

La realidad no se muestra tal como es, se esconde, se disfraza, y si no estamos muy atentos logra engañarnos.

La contracara de como vemos es como nos ven… Para muchos es fundamental, con quien nos ven, donde nos ven, que ven cuando nos ven.

Hay una canción que dice: que ves cuando me ves…el abanico de respuestas es enorme.

Muestro lo que quiero que vean de mí, me muestro en las redes, aparezco sonriente, esplendida. No hablo de mi en particular, estoy hablando de todos, proyectamos una imagen. La cara perfecta, las vacaciones soñadas, la familia ideal, los amigos incondicionales….

Es un juego de espejos, mostramos algo, vemos algo, el otro ve lo que quiere ver de nosotros. -quienes somos en verdad?

Porque nos escondemos detrás de tantas cosas? De tanta palabra, de tanta apariencia, de tanto dialogo interno y externo?

Volver a mirar con ojos ingenuos, con ojos de niño es lo que me propongo cada día. Hay veces que lo logro, otras que no y a veces estoy en camino de y algo se rompe…Pero el balance es bueno,

Creo que una de las claves es encontrar algo que nos apasione, no importa que, no importa si es cocinar, tejer, escribir, bailar o hacer música…. Es poder ver a través de los ojos de la pasión, y ahí si, ver de verdad, mirar, sentir, ver con todo el cuerpo.

Mirar al otro de verdad pero fundamentalmente poder vernos a nosotros mismos.