Me había olvidado de los sonidos árabes, el llamado del muhadin a la oración cinco veces al día, los tonos de voz altos, casi gritados. los sonidos guturales, la sensación que todo es una discusión, los hombres caminando de la mano, las mujeres con sus túnicas largas.

Fue llegar a Marruecos, recordarlos y redescubrirlos en un país distinto al que me los hizo conocer, allá lejos y hace tiempo cuando vivía en Israel, pero con la misma intensidad,la misma sorpresa, la misma curiosidad.

Viaje a Marruecos en familia, Eial, mi hijo menor no se siente cómodo entre tanto laberinto. callecita, códigos que no entiende. yo estoy a mitad de camino,RECUERDO, que quiere decir literalmente volver a pasar por las cuerdas del corazón. Me moviliza, me conmueve, me transporta.

Solo llegar a la Medina de Fez y uno se interna en un mundo diferente, sensaciones, olores, temores, curiosidad. Hay que aprender a caminar en la Medina, por los pasadizos, los callejones, esquivando a los gatos( los hay a montones en casi todas las ciudades amuralladas), o por el contrario hay que dejarse perder, sabiendo que siempre vamos a encontrar el camino de vuelta. Es un poco como la vida misma… siempre encontramos como transitarla.

La segunda vez que intentas volver a tu lugar, es mucho más fácil, te sorprendes que en un primer momento te haya parecido una tarea imposible.

Entramos a nuestro Riad y se abre un mundo. Los marroquíes sostienen que las casas tienen que ser poco llamativas por fuera y desplegar todo su esplendor por dentro, que nadie debe alardear de lo que tiene y mostrarlo a todos.

Si se quiere, así es la Medina, fea por fuera, muy fea, y preciosa apenas uno se interna en sus casas, madrasas, mezquitas. Nos pasamos el dia paseando por mezquitas, riads, casas particulares devenidas hoteles, galerías de arte, o negocios de antigüedades.

Aprendimos la diferencia entre un Riad y un Daar, todo depende de donde se encuentre la fuente de agua, fundamental en toda casa marroquí. Si es en el centro del jardín se trata de un Riad, si es sobre un muro se trata de un Daar.

Recorrimos los distintos sectores de culto, de artesanías, de comidas, los puestos de gallinas vivas, de carne de dromedario, de carnes en conserva que se mantienen hasta 4 años…. Si, no me confundi, el guia hablaba perfecto castellano.

Recorrimos las curtiembres, con sus olores típicos ( debo decir que bastante desagradables), las cooperativas de alfombras, los talleres de alfarería. En todos nos convidaron el típico te con menta y se ofendian si lo rechazabamos. La cortesía ante todo, recibir y agasajar al otro, la venta es un segundo paso

Interesante, apabullante, intenso, Después de un almuerzo y una cena ya incorporamos el cuscús, el tahine con sus verduras y las ensaladas marroquíes a nuestro repertorio culinario, sin olvidarnos de las naranjas como un auténtico manjar a la hora del postre.

Siento que Marruecos me va a enamorar, que todas las ilusiones que me hacía con este destino se me van a cumplir.

Esta historia continuará….