El jueves 14 de febrero se festeja San Valentín. Yo no me acuerdo desde hace cuántos años es costumbre en Argentina, pero no creo que hace muchísimos, porque no tengo memoria de que cuando estaba de novia fuera un día de celebración.

Son esas cosas que importamos desde Estados Unidos, esa visión romántica, ese traer flores o bombones, combinado con las frases new age que tanto nos gustan: el amor se construye día a día, no se trata de un amor para todos los días sino para cada día, quédate con quien te mire….

Lo cierto es que este año Buenos Aires se transformó en un día de cenas, regalos, bombonerías llenas, florerías al tope sin que nos preguntemos porque en febrero, porque el 14, porque un día determinado y porque estoy obligado a festejar o celebrar algo de lo cual no estoy muy convencido.  Mis amigos de teatro y yo nos encontramos a cenar, charlar largo y tendido sobre el amor, el matrimonio y bueyes perdidos. Muchos dijeron que fue el mejor San Valentín de sus vidas. Estábamos donde queríamos estar, donde sentíamos que teníamos que estar.

Me dedique toda la semana a mirar parejas, están los jovencitos, esos que el cuerpo y la manos no les alcanzan para expresar todo el amor que sienten, que tienen que estar pegados y a puro franela todo el tiempo, abstraídos de los demás, los que estamos alrededor y miramos a veces con ternura, por momentos con nostalgia pero en determinado punto con un poquito de pudor… Get a room, dan ganas de decirles en el idioma del imperio cuando ella refriega las lolas perfectas y el no sabe como disimular lo que empieza a alzarse en sus pantalones. Me dan ganas de advertirles que no va a durar para siempre, que en algún momento se termina y que si queres algo mínimamente parecido tenes que trabajar muchísimo, aun así, no conozco a nadie que me diga que ese estado de enamoramiento se perpetua a través de los años.

Están los que se están conociendo, no importa la edad que tengan y como fue que se encontraron por primera vez, si los presentaron, si apelaron a las redes sociales, Facebook, Instagram, Happen, o similares. Todavía tenemos en Buenos Aires cierto pudor por reconocer que hay encuentros que surgen de la virtualidad, o mejor, todavía en nuestra generación tenemos pudor. Los chicos más jóvenes lo admiten como lo mas natural, les resultaría raro que alguien les pase un número telefónico para llamar a una chica:

-eso es de stalker- te dicen

-estas loca? Quien usa el teléfono? Un freak, nadie más.

Es fácil darse cuenta cuando estas en un bar o un restaurante quienes están en un primer encuentro. Hablan mucho, mucha mucha charla, por turnos, mantienen lo que en lingüística se llama turnos de habla. Uno de los dos empieza a contar su vida, que hace, que le gusta hacer, a que dedica el tiempo libre, alguna alusión a los hijos, y una muy mínima a la expareja. Algo del orden si son viudos o separados y cuanto tiempo hace que están en ese estado. Nada más, regla numero uno, no hablan de los ex. Después le toca el turno al otro. Otro largo monologo con intervenciones gestuales o preguntas cortas de parte del que esta escuchando.

Me paso hace poco entrar a un bar con unos amigos y ver en la mesa enfrente nuestro a una pareja, mas 40 los dos, ella muy rubia, muy escotada, muy verborragica. El escuchaba, los dos tomaban cerveza. Una de mis amigas dijo apenas entramos:

  • A el lo conozco… me hablo esta semana por las redes
  • Te invito a salir?
  • Si, si, creo que quedamos que volvíamos a hablar. Se ve distinto que en las fotos.

Pedimos nuestras bebidas, éramos un grupo de 4 o 5, charlábamos entre nosotros, pero cada tanto prestábamos atención a la mesa de enfrente. Ella no paraba de hablar, gesticular, tratábamos de imaginar que estaría pensando el, si le gustaba, si iba a haber una segunda salida, que expectativa habían puesto para esta primera. Ella era muy intensa, a mi me hubiera cansado tanta verborragia, el escuchaba mientras tomabas cerveza. De repente, en un momento, el pidió la cuenta, pago y se levantaron rápido. Mi amiga y yo tratábamos de imaginar si se iban cada uno por su lado, si el la llevaba a su casa, o si se iban a un telo . Fue todo rápido, nunca nos vamos a enterar. Primer encuentro de vario o primero y ultimo?

Están los matrimonios con chicos chiquitos, que lograron robarle un día a las obligaciones parentales y decidieron salir a cenar juntos. Si son medianamente jóvenes están acostumbrados a las salidas de ella con sus amigas y de el con sus amigos después de un póker o un futbol 5 o un entrenamiento del club. Tienen acordado que los martes salen ellas y el cuida a los chicos y los jueves el. Son experiencias casi religiosas, días inamovibles, recreos esperados para poder sobrellevar el resto de la semana. Pero cada tanto, algún aniversario, cumpleaños o eventualmente un San Valentín dejan a los chicos con abuelos, tíos o baby siter y salen solos.

Van a cenar afuera, a un lugar lindo, se dan las manos, no pueden creer el silencio en la mesa, piden un vinito, o una copa y creo que lo que mas disfrutan es el comer sin estar pendientes de cortar la comida, evitar que se vuelque la bebida o ver si el restaurante tiene menú infantil .Charlan tranquilos, planifican vacaciones familiares, ella lo pone al tanto de cosas del colegio, el le cuenta algo de su trabajo, se escuchan directamente y no por encima de las vocecitas y os reclamos de los hijos. Me gustaría avisarles que un día van a extrañar la presencia de los hijos, la mesa grande, que van a estar sentados hablando de las cosas de los chicos ya grandes y van a recordar con nostalgia esos días en que los tenían sentados con ellos. Llega rápido, antes de que uno se de cuenta, pero si se los digo no lo van a entender, no me van a creer. Mejor los dejo con su copa de vino.

Creo que a los que mas observo es a los matrimonios mas 50. Te das cuenta de que son matrimonios porque en general se mueven en grupo, 3 o 4 parejas juntas que salen el sábado a la noche, teatro/ cine y cena.  Ya cuando entran al restaurante se sientan divididos por género, las nenas con las nenas, los nenes con los nenes. En el cine generalmente la pareja se sienta junta, pueden comentar algo o no, pero ya cuando salen en el restaurante los temas se dividen. Ellos hablan del país, la economía, el trabajo, y ella de los hijos, los nietos, la nueras, alguna mudanza en puerta o una escapada de fin de semana.  Los temas fueron cambiando a lo largo de los años, los de ellas, ellos en general siempre hablaron de lo mismo: economía, el país de mierda, trabajo, las cuotas de la prepaga o el club. En los últimos años incorporaron las enfermedades, lo que sale la fiesta de casamiento de los hijos, y no mucho más. Ellas empezaron hablando de los preparativos de sus propios casamientos, los hijos chiquitos, las empleadas domésticas, la elección de las escuelas, jardín, primaria y secundaria, la entrada a la universidad, los primeros novios, el country, el recibimiento de los hijos para terminar en los preparativos de los casamientos de hijas e hijos. Hablan con las amigas porque a los esposos les importa poco tanta cháchara. Por eso, cuando están solos, generalmente los ves callados, con celular en mano o eventualmente hablando de… los hijos. Y la pareja? Bien ahí, gracias, allá lejos y hace tiempo, en ese restaurante donde festejaron San Valentín tomando vino mientras los abuelos cuidaban a los chicos.

Los que mas me emocionan son las parejas de viejitos que están juntos a pesar del paso del tiempo, de los hijos, de los nietos. Comparten ese silencio mágico, el que llegaron a aprender después de mucho dialogo, paciencia y porque no una cuota de suerte.

En las vacaciones de invierno viaje con Dana, Cynthia y Fidel a Rio Hondo a un hotel con todo incluido. Había unos viejitos de mas o menos 85 años a los que no podíamos dejar de mirar. Tomaban sol, uno le ponía crema al otro, se cuidaban entre ellos, jugaban a las cartas, se sonreían. Cual es la receta?

No lo sé, no debe haber formulas magistrales, ready made, sino maneras de atravesar la vida de a dos, easy going, pero las hay, algunos las encuentran. Algunos, no todos, no muchos. Creo que nadie lo sabe. No creo que ellos hayan celebrado muchos días de San Valentín, no creo que el le haya mandado bombones o flores los 14 de febrero, pero están juntos, y me conmueven, para ellos, y creo que solo para ellos Feliz día de los enamorados.