El sur es un mundo de paisajes, de lugares por descubrir, de rincones a los que llegas después de caminar y caminar.

El sur es un cielo celeste, un viento frio que te sacude las ideas y que a la vez que te despeina te estimula a mirar y mirar y nunca dejar de mirar esa inmensidad que se presenta delante de tus ojos. Es imposible no maravillarse con esos lagos majestuosos, las nieves eternas, los caminos de piedras y barro que te obligan a seguir caminando porque adelante hay algo mas para ver, siempre hay algo más.

El fin de semana estuve en El Calafate con un grupo de 42 amigos, cualquiera podría decir que es difícil conectarse con el silencio y la paz viajando con semejante multitud, y sin embargo… una de las cosas que mas disfrute fue la paz. La paz en la inmensidad, la dimensión de la naturaleza imponente, la idea de que somos un eslabón chiquitito en un mundo inmenso y que no importa cuanto viajemos, siempre hay algo mas para sorprendernos.

Nuestra primera excursión fue al Glaciar Perito Moreno, un minitrecknig sobre el glaciar. Después de una navegación relativamente corta, llegamos a un refugio, dejamos todo lo que podía incomodar para caminar y nos pusimos unos grampones para caminar sobre el hielo.

Primera dificultad… aprender a caminar diferente, aferrándonos al piso, pisando con decsion, afirmandonos siempre pero evaluando el tipo de paso que damos. La subida y la bajada suponen maneras diferentes, actitudes y maneras de encararlas distintas… como en la vida misma: hay que saber subir, pero hay que estar siempre preparado para bajar. No es un continuo ir para adelante sin pensar, hay idas y vueltas, curvas, atajos y bajadas. Hay que pensar y disponer el cuerpo para lo que se venga.

Hay otras dificultades, a veces lo que ves te obnubila, te enceguece de tan bello, no siempre podemos registrarlo, no siempre podemos fotografiarlo, o detenernos siquiera a verlo. Hay momentos en que tenes que pasar de largo, apenas pispear y seguir porque podés distraerte, y si te distraes…. Puede venir el golpe. Hay que estar seguro, atento, concentrado en lo que haces, disfrutarlo, acomodarte al entorno pero no perderte ni marearte con el entorno.

Y Finalmente, una gran enseñanza, por lo menos para mí: hay que acompasar el paso con el otro, hay que esperar y que te esperen, hay que mirar que le pasa al que viene detrás sin separarte mucho del que viene adelante. A veces no podés seguir tu propio y único ritmo. La música toca para todos, y el baile es grupal… Acompasar: clave para la vida en grupo.

Podría poner fotos y fotos y tratar de adjetivar con mil palabras la belleza de los paisajes, la belleza de ese silencio que se interrumpe cuando cae una parte del glaciar, la inmensidad de las estancias patagónicas alejadas de lo que conocemos por civilización, el azul increíble de los témpanos cuando navegamos el segundo día… podría… pero no quiero.

Quiero quedarme con una imagen que me acompaño cuando me subí al micro el segundo día, camino a Puerto Banderas, para tomar la embarcación que nos iba a llevar a la Estancia Cristina.

Todavía no había amanecido. Era de noche cuando me senté y empecé a mirar por la ventanilla . 80 km de ruta, la nada misma.  Cada tanto algún cóndor se veía por el cielo y el guía interrumpía el sueño de varios para contar las características de la fauna del lugar.

En un momento me dormi. Me despertó la voz del guía diciendo Condor, carroñeros, garras y no se cuantas palabras mas que escuche al pasar. Mire por la ventana.

Estaba amaneciendo, el cielo era anaranjado, rosa y creo que fue uno de los amaneceres mas hermosos que me toco presenciar.

Creo que llore… fue un momento. Un paisaje chiquito, casi imperceptible en medio de un fin de semana de paisajes monumentales.

De todas las fotos que me llevo en la retina esta es la que elijo. No descarto los monumentales, pero prefiero los chiquitos, los que a veces nadie recuerda.

Es mi resumen de un finde multitudinario, alegre, divertido, con mucha gente, pero en el que encontré el espacio que necesitaba.

El amanecer en la ruta… mi síntesis