Diciembre es ese mes raro en el calendario en que conviven el ruido y el silencio, la calma y la tormenta, los eventos multitudinarios y la soledad.

Son esos días de juntada , de música, de cierres de actividades. Todos sentimos que tenemos que encontrarnos antes que termine el año y las agendas están sobrecargadas. Almuerzos, meriendas, cafecitos y cenas coexisten con el deseo de hacer dieta para vernos mejor cuando el calor nos obliga a despojarnos de las prendas que nos cubren en el invierno.

Parece ser que durante el año nos cubrimos de capas y capas de obligaciones y cuando llega diciembre empezamos a despojarnos, a andar mas sueltos, mas relajados. es la primera vez que lo pienso asi, con cuantas capas nos recubrimos, cuantas mascaras y personajes nos ponemos encima, donde se esconde nuestra verdadera esencia durante el año.

Llegan las vacaciones y nos toca elegir como queremos ocupar nuestro tiempo libre. Despues de un año de corridas, de relojes a contramarchas, de compromisos sociales, por fin tenemos la posibilidad de decir que hacemos con nuestro tiempo en ese impase que se nos ofrece hasta el año que viene.

en eso estoy, cerrando para poder empezar a pensar, desapegandome del año y de cosas pasadas para ver que es lo que quiero hacer, pero eso vendra en mi proximo post: el ultimo del año, el que escribo todos los 31, a veces solo para mis ojos y otras para compartir.

Diciembre, mes amado y odiado por muchos, a mi en lo personal me reconecta con mis deseos, con mis proyectos, con mis balances…. esa bella e incierta calma.