A veces no hay que apurarse para llegar . A veces, muchas veces, casi todas las veces lo importante es el camino, aunque suene a frase cursi.

Eso escuche cuando estaba armando mi viaje a Islandia: no te apures por llegar a las ciudades, no hay nada muy importante para conocer allá, lo mas importante es lo que vayas conociendo durante los trayectos.

No lo entendí mucho en ese momento, tampoco entendí muy bien porque en general los hoteles en los que me alojaba estaban a las afueras de la ciudad. Hoy, después de haber recorrido la isla, lo entendí perfectamente y lo agradecí.

No solo el paisaje nos cautiva mientras el coche avanza, sino que ver una y otro y otra catarata, y descubrir que cada una es diferente; que no nos cansamos de mirarlas, de llevarnos en la retina la imagen, porque es imposible captarla en una foto sino el darnos cuenta que la naturaleza tiene un ritmo propio , único, especial.

En este viaje descubrí muchas cosas, algunas pueden parecer contradictorias pero en realidad no lo son. Primera enseñanza; no todo es lo que parece.

Descubrí por ejemplo que la naturaleza es cambio constante y permanencia al mismo tiempo. Estos paisajes están aquí hace millones de años, inalterables aparentemente y sin embargo cambiantes día a día.

Cuando caminamos por uno de los glaciares islandeses ( no escribo los nombres porque son impronunciables) la guía que nos llevaba nos comento:

  • Camino todos los días por acá, varias veces , cambia permanentemente.Esto que les estoy mostrando hoy, la semana pasada no estaba.

-como te ubicas entonces?

-voy por los mismos caminos, entro por el mismo lugar, pero no doy nada por sentado, me fijo en cada marca, en cada variación del terreno y trato de seguir conociéndolo todos los días.

La naturaleza es rápida y lenta a la vez , tiene la furia de una catarata y a la vez el retroceso lento de los glaciares. la mismísima catarata tiene momentos de furia, de saltos abruptos y tramos calmos, de absoluta transparencia y paz. Todo es cuestión de saber hacia donde queremos mirar, con que parte nos queremos conectar o cual es la que necesitamos en cada momento de nuestras vidas.

La naturaleza es impredecible y a la vez constante. No podemos saber cuando va a erupcionar un Guernsey, mucho menos un volcán. No podemos predecir si vamos a tener la suerte de ver una aurora boreal, todas dan algún que otro indicio, hay pronósticos pero no hay certeza de cuando y como va a pasar. A su vez, los pájaros emigran siempre para la misma época,de manera inamovible.La ballenas empiezan su regreso a otras corrientes impresión para la misma época. Casi imposible ver una ballena en Islandia en Septiembre, ya empezaron su camino hacia Sudamérica.

Una de los grandes hallazgos de este viaje es darme cuenta que hay que estar atento, hay que prestar atención a lo que ya consideramos que es parte del paisaje. En los casi 2000 km que recorrimos hubo momentos en que pensé que ya había visto todo lo que podía ver, en que me tentaba agarrar un libro y pasar parte del trayecto leyendo. En esos momentos, miraba por la ventanilla y veía una corriente agua aparecer en lo alto de las montañas, o un canal de agua, o una cueva de lava.

El guia ya ni las mostraba, eran tantas las cosas maravillosas que tenia para ofrecernos que no le daba importancia, pero estaban ahí,apareciendo de la nada casi pidiendo permiso, diciendo : acá estoy, mirenme . Me conmovió, darme cuenta que a veces las cosas están ahí y no las vemos, las damos por obvias. No es obvio, es un milagro y es una bendición poder disfrutarlas, apreciarlas, verlas.

Es muchísimo lo que vi y viví en estos días. Islandia me maravillo, me conmovió, me despertó, me enseño, me cambio.

La mejor definición la escuche de Morris, un amigo que aprendí a conocer en este viaje:

-Esta tierra nos habla, nos habla desde sus entrañas, tiene mucho para mostrar y tiene mucho en su interior.

Ojala haya aprendido a escuchar lo que tenia para decirme, lo primero: no apurar la llegada a ningún lado, lo importante, lo mas importante es el camino.

Lo segundo, y no menos importante: agradezco todo lo que vi, y doy gracias a la vez por lo que todavía no vi.