Este viernes empiezo un curso de lectura nuevo. Es un intensivo de 4 encuentros, los viernes a la nochecita sobre lectura de Diarios íntimos y Autobiografías de distintos autores. Tengo tarea previa, leer varios fragmentos del diario de Kafka, Virginia Wolf y otros.

Estoy suprecompenetrada en mi lectura. Kafka escribe que ¨quiere ser extranjero en el seno de su familia, entre las mejores personas quiere ser un extranjero en este mundo que se desintegra¨.

Yo creo todo lo contrario, quiero mirar con ojos de extranjera pero precisamente para sentirme mas parte, para poder ver con otros ojos, de sorpresa, de extrañamiento, de cuestionamiento y no quedarme naturalizando lo que veo.

Desde que tome esta actitud estoy como de paseo permanentemente, soy turista en mi ciudad pero observo y  me siento parte de todo.

La semana pasada fui a desayunar a mi barcito de siempre. Crisol, en Libertador y Olleros. Cuando el tiempo esta lindo me gusta sentarme en la vereda, al solcito y ver la gente pasar, imaginarme historias, inventar escenas.

A veces las escenas me llaman, como el jueves pasado, en la mesa de al lado.

 Yo estaba leyendo muy tranquila y vi una pareja de unos 70 años que se acercan caminando, los dos con bermudas, zapatillas, lo que me hizo pensar que habían salido a caminar unas cuadras y se tomaban el descanso en el cafecito.

Ni bien se sentaron el agarro el diario que estaba en la mesa, lo abrió y empezó a leer. Ni se dio cuenta que vino la moza a tomar el pedido. La señora le pregunto si no estaba Ana, que al parecer se había tomado vacaciones y si el cafetero era el mismo de siempre lo que me dio la pauta que son habitúes, que esta rutina se repite casi diariamente o por lo menos algunos días a la semana.

Después de todas las preguntas y respuestas pidió un cortadito para ella, con todas las indicaciones  del caso, mas leche que café, edulcorante, que este bien bien caliente, con dos masitas de cortesía en lugar de una y el café con leche para su marido,también con la lista de indicaciones. El no levanto la vista en ningún momento.

A los pocos minutos ella empezó a hacer comentarios, de los bancos que había en la plaza, de un amigo en común que estaba de viaje, de una de las hijas que pregunto si podían cuidar a los chicos el fin de semana, de los aumentos que se vienen. Yo esperaba una respuesta, ella no.

Cuando el marido termino el diario yo me alegre, iban a empezar a dialogar, pero inmediatamente agarro el teléfono y se puso a contestar mails o whatsup, desde donde yo estaba no se veía.

Ella hacia cada tanto algún comentario, ya no tan entusiastamente. Mas bien se dedicaba a terminar su cortado.

Hubo un brevísimo dialogo en un momento:

-voy a pedir la cuenta- dijo el

-si estas apurado te conviene ir adentro, acá tardan mucho- contesto ella

-te dejo plata por si queres tomar algo más?

-no , yo tengo gracias -fue la respuesta de ella.

El entro a pagar, salió, se acercó a la mesa , dijo un chau con la mano y se fue. Ella se quedo sentada, sola… Se quedo sola?

No estuvo todo ese rato sola? Con un señor sentada enfrente, tomando un café pero absolutamente sola. No se, digo nomas.

Al otro día empecé un curso de escritura. Éramos 20 o 25 sentados alrededor de la mesa. A medida que nos íbamos sentando cada uno se enfrascaba en su celular. No nos preguntamos nada, ni el nombre, ni la edad, ni si hacia mucho que escribíamos… cero dialogo.

Yo me pregunte que hacíamos cuando no teníamos los smartphones… supongo que charlábamos, preguntábamos la hora o a que se dedicaba el otro, o buscábamos conocidos en común.

Cuando empecé la clase nos pidieron que pongamos todos nuestros celus en silencio y que los depositáramos en una caja. No íbamos a poder tocarlos por tres horas, ni siquiera en el recreo.

-Si tienen que avisar a alguien que van a estar si celular háganlo ahora. Por 3 horas, cero conexión.

En el recreo, salimos todos a la calle, se armó espontáneamente una ronda y empezamos a conversar, éramos 20 desconocidos charlando, contando anécdotas, compartiendo un momento. Cuando nos fuimos nos conocíamos un poco más, nos saludamos hasta la semana que viene, sentí que no estaba sola, me gusto la sensación.

La comunicación en la era de los smartphones, la comunicación a través de los años de la pareja, la comunicación, el gran tema en la era de la hiperconectividad…

A veces me acuerdo cuando vivía en San Martin y jugaba en la vereda…Nada, eso!