10000 pasos, todos los días 10000 pasos como mínimo es lo que me dijo la nutri que era uno de los pilares de una vida sana: caminar todos los días, no comer por aburrimiento o ansiedad, armar un entorno seguro en lo que alimentación se refiere. Lo incorpore como un habito, así como me despierto, me desperezo y me lavo los dientes, así también me calzo la ropa de gimnasia y me voy a caminar.

Apenas se autorizo el runing durante la pandemia, allá lejos y hace tiempo, cuando se podía salir solo hasta las 8.30 de la mañana, me vestí, me abrigue y los primeros días, casi de noche salí a caminar a los lagos de Palermo. Tengo fotos de amaneceres que en algún momento de mi vida van a ser anécdotas para los nietos: en la pandemia, allá por el 2020, cuando estábamos en cuarentena, tu abuela salia a caminar casi de noche, porque era el único momento en que estaba autorizado….

Hace unos meses pareciera que todo volvió a la normalidad. Lo que algunos llaman la nueva normalidad, ese hibrido entre lo que queremos, lo que nos dejan, lo que no sabemos si se puede o no se puede, lo que te dicta tu propia conciencia… en fin, que somos nosotros os que nos vamos construyendo una nueva forma de vivir que combina lo nuevo y lo viejo, lo que aceptamos como parte de nuestra rutina y lo que no estamos dispuestos a renunciar o sacrificar, los cuidados para no enfermarnos y los cuidados para seguir viviendo medianamente igual .

Yo seguí yendo a caminar y redescubrí espacios, me encontré mirando Palermo y sonriendo, festejando la vida que encontré en esos verdes que durante tanto tiempo fueron patrimonio de los que iban a correr temprano, a dar la vuelta al lago. En estos meses, los espacios verdes de Buenos Aires y supongo que también del resto del país se convirtieron en tierra de todos, grupos de gimnasia, de thai chi, de functional, de boxeo, amigos que festejan una juntada, un cumpleaños, una graduación, picnics familiares de abuelos, padres , tíos y primos, fiestas infantiles con animación incluida.

Hace varios años viaje a China y el guía nos llevo a recorrer las plazas. Me acuerdo que me sorprendió la actividad que había, muchos grupos de gente grande practicando artes marciales, meditando, coros de adultos cantando, grupos de chicos festejando algo. El guía se sorprendió que yo sacase fotos de algo que para el era tan natural, el encuentro al aire libre. Para mi en ese entonces la plaza era el lugar de encuentro de jubilados sentados alrededor de un juego de domino, o de chicos chiquitos que en los días de sol iban un rato a los juegos.

La plaza era el lugar de los que no tenían otro lugar mejor para ir, el de los picnics de estudiantes que no conseguían una quinta o un club para festejar. La plaza no era el lugar donde yo me juntaba con mis amigos para un picnic, una merienda o simplemente pasar un rato. Hoy la plaza, el espacio verde es el lugar de todos, es un espacio que agradecemos y valoramos, un lugar ganado para el disfrute y el compartir.

No me canse de repetir en estos meses, a quien caminara conmigo que me encanta esta reconversión del os espacios públicos, este salir para afuera, este disfrutar del aire libre, este encontrarnos con otros en el afuera, esta sonrisa de estar disfrutando de algo sin que sea para la foto de Instagram o de Facebook.

Es curioso que el mantenernos adentro, encuarentenados , en el espacio de nuestra casa no haya dado el regalo del afuera. Festejo y celebro lo que ganamos, y ojala sea como mis 10000 pasos, algo que vino para quedarse, algo que empezó como imposición y termino como un habito adquirido.