Me gusta escribir, me gusta mucho. Creo que lo descubrí de grande. Cuando era chica si me preguntaban que quería ser cuando fuera grande dudo que mi respuesta haya sido escritora.

La verdad es que no tengo mucha memoria de esa parte de mi vida, a veces me entero cosas por mi hermana Susy que se convirtió en mi memoria, pero por otro lado, hay muchas cosas que ella no se acuerda para nada y que a mi me sorprende cuando le veo la cara como diciendo:

-En serio paso eso?

-cómo te acordas?

La memoria es selectiva, ni siquiera es que podemos decir que nos acordamos solo lo bueno o solo lo malo, nos acordamos arbitrariamente, en retazos, en fragmentos que parecieran no tener relación unos con otros y sin embargo… forman nuestra vida.

En una época decía que quería ser azafata para conocer el mundo… mi hermana me explico que hay mejores formas de conocer el mundo y que además las azafatas se la pasan conociendo aeropuertos…

Después quise ser actriz, quizás soñaba también con irme de gira y recorrer el mundo o con interpretar distintos personajes y vivir otras vidas.

Hoy, si me preguntan que quiero ser contesto: Escritora.

 A veces o me suena pretencioso, pero descubrí que es lo que quiero, es mi manera de expresarme, de contarle al mundo lo que siento y pienso, aunque no a todos les importe y que a su vez es una forma de ordenarme. Quizás es otra forma de recorrer el mundo, de vivir otras vidas, de conocer otras escenarios.

Quizás finalmente todas mis elecciones están bastante mas relacionadas de lo que parecen a simple vista.

Muchas veces en el taller de escritura nos preguntamos para que escribimos, o a quien le interesa lo que cada uno tiene para decir, o porque es importante hacerlo.

Las respuestas son personales, pero coincidimos bastante. Escribimos para dejar testimonio de un momento, de una época, de una sensación.
Escribimos en momentos buenos y en momentos malos. Escribimos como catarsis. Es el momento de dejar de hablar en un plural y pasar a un tono absolutamente personal.

Empecé a escribir hace no mucho tiempo, como una forma de catarsis, para dejar salir afuera los dolores que tenia adentro. Me di cuenta de que no solo me ayudaba a ordenar mi cabeza sino que estaba mas liviana después de cada momento en que podía poner en palabras lo que sentía. Con el tiempo se convirtió en un habito.

No releí nunca lo que escribi hace un año, exactamente el momento en que empecé a escribir en forma sistemática, todos los días, todas las mañanas.

La vida como borrador, me dijo una vez mi profe del taller, sentir que todo lo que nos pasa es motivo de escritura.

A veces a estoy tentada de releer, alguna vez lo voy a hacer. Supongo que me voy a encontrar con una sorpresa, pero eso que lea es el testimonio de lo que viví en ese tiempo, no se si me voy a reconocer o no, pero sé que también esa soy yo, con los claros, los oscuros, los soles y las nubes.

Leo esta semana un libro de Natalia Guinzburg, una escritora italiana que me encanta. Habla de su oficio como escritora.  Básicamente dice que ser felices o infelices nos lleva a escribir de un modo muy diferente.

Cuando somos felices, nuestra fantasía tiene mas fuerza y cuando somos infelices nos refugiamos en nuestra memoria.

No nos consolamos de la tristeza escribiendo, escribir no es una compañía, una distracción o un consuelo, pero es un oficio que nos exige a indagar en nosotros, que nos obliga a pensarnos, se mete adentro nuestro y es como una droga que necesitamos para seguir adelante.

No se si los artistas sufren mas o menos que los demás…. No se si es necesario tener una vida sufrida para ser artista, aunque muchos la hayan tenido, si se que pueden expresarlo y eso los ayuda a seguir adelante.

Hoy se lo que quiero, Quiero que este sea mi oficio, Quiero escribir, quiero hacer esto por toda mi vida.

Quiero ser escritora y no me avergüenza decirlo recién ahora, a mis 55 años.