Te acordas cuando había casas que no tenían teléfono? Cuando en los avisos clasificados decía: Hermoso 3 ambientes, muy luminoso, digno de verse. Plan Megatel adjudicado.

Mi amiga Debo me llamo un día: a que no sabes de donde te llamo? Me pusieron teléfono. Años había esperado ese momento.

54-1042 el teléfono de mi casa, antes de que le agregaran un digito y pasara a ser 854-1042.

-A partir de ahora en algunos barrios el teléfono es medido- me dice mi papa.

– ¿Qué quiere decir medido? – pregunté

-que hay que hablar poco. No es para charlar, solo para avisar algo.

El cartel de la farmacia decía: Sea breve. Teléfono medido. A los pocos meses, o muchos, no me acuerdo lo cambiaron: No se presta el teléfono. No insista

Hablábamos desde el teléfono público con cospeles que comprabas en los kioscos. A veces había cola y le decíamos al de adelante que se apure, que corte, que todos teníamos que hablar.

Las llamadas a larga distancia se pedían a la operadora. Te decía la demora: 2, 3 horas, a veces más, según a que país quisieras comunicarte. Mi novio de ese entonces vivía en Israel. Los sábados me tomaba el subte B hasta la estación Florida e iba a Entel, en Florida al 100 porque las llamadas eran a mitad de precio. Hablábamos un rato largo, media hora, una hora, me gastaba gran parte de mi sueldo en esas llamadas; no pensaba que era solo para decir cosas importantes.

Cuando me fui yo a vivir a Israel, hablaba poco con mis padres. Mi mamá saludaba a los gritos, como si tuviera que escucharla a través del océano y no del auricular, preguntaba más de una vez: ¿Cómo estás? ¿Como estas? ¿Hace frio? Esas eran las cosas importantes. Después decía: –te paso con tu papa porque yo me pongo nerviosa a larga distancia. Hablábamos una vez por mes más o menos y la llamada duraba menos de cinco minutos.

Cuando volví a vivir a buenos Aires y me case busqué un departamento en Belgrano que tuviera teléfono. Cuando estaba por nacer mi primera hija estaba en un casamiento y las contracciones empezaban a ser cada cinco minutos. Pedimos prestado el teléfono para llamar a la partera a su casa, en mitad de la noche y quedamos en encontrarnos en la Clínica del Sol. A las 5 horas nació Dana y cuando estuve instalada en la habitación, desde el teléfono de la mesita de luz llamamos a los abuelos para avisarles.

-te comunicaste con la casa de…. Era el mensaje en el contestador de casa. Lo primero que hacía cuando volvía era prenderlo para ver quien había dejado mensajes. Reemplazaba a la libretita con la birome que había al lado del teléfono antes de que compremos el contestador en un viaje a Nueva York. Evitaba la eternas peleas con el que había atendido el teléfono y no había anotado ni el mensaje ni la llamada. Cuando yo era chica eso era motivo de batallas campales: ¿quién atendió el teléfono?  ¿Porque no anotaste? ¿No sabes que puede ser importante?

Mis hijos estaban en el jardín de infantes cuando tuve mi primer celular: un startak con tapita que se podía guardar en la cartera.. Eso fue hace 26 años, nunca más cambie mi número de teléfono, nunca lo apague de noche, nunca lo deje en Buenos Aires cuando me fui de viaje, nunca más estuve sin teléfono fuera donde fuera. Lo sumaba al costo del viaje, sacar un plan, o comprar un chip del país que visito. Muchas cosas en mi vida cambiaron, el número de teléfono se mantiene igual.

Mis hijos tuvieron teléfono cuando empezaron a viajar solos en colectivo, más o menos cuando estaban en séptimo grado. Desde ese momento nunca más atendieron el teléfono de línea en casa. Cuando sonaba y yo pedía que alguien atienda la respuesta era:

-No es para mí. Mis amigas llaman al celu.

Lo mismo me pasaba si yo llamaba desde la calle porque tenía que avisar que iba a ir un plomero, el pedido del super o el portero que tenía que arreglar algo. Al final ya ni la empleada atendía. Ella también tenía su celu, que obviamente era para hablar con quién ella quería porque las veces que la llame para ver porque había faltado nunca me atendió. La respuesta siempre era que se había quedado sin crédito.

Hace ocho años me mude. La vendedora del departamento era una mujer grande y me aviso que ella se iba a llevar la línea telefónica porque todos sus conocidos ya la tenían agendado con ese número y era complicado cambiarlo. No me preocupé en absoluto, nunca puse teléfono fijo, a mí también me llamaban a mi celular y lo único que recibía por el teléfono fijo eran pedidos de donaciones y llamadas de secuestros exprés.

 ¿Te acordás cuando vivíamos sin teléfono?