Prometí que iba a actualizar mi blog con los viajes que fui haciendo este ultimo tiempo. Algunos me son muy complicados porque están bastante alejados en el tiempo y la sensación o la emocion que me produjeron en aquel momento es muy difícil de transmitir y lo que siempre intento es transmitir mis vivencias, mi manera de ver las cosas, la manera en que algo me impacta.

Por otro lado, cuando escribí sobre viajes de allá lejos y hace tiempo tampoco me reconoci del todo, o yo era distinta, o veía las cosas de otra manera o leyéndolo hoy lo interpreto diferente. Es por eso que tome una decisión a mitad de camino, vuelvo a mis notas del momento en que viaje… las transcribo casi tal cual pero si considero que les falta alguna aclaración más en sintonía con la persona que soy hoy, me permito corregirlo, al fin y al cabo creo que esta bueno volver sobre los propios pasos y reflexionar sobre lo que sentimos y no quedarnos anclados en un pasado inamovible y estatico.

Vuelvo entonces a un viaje que hice en Noviembre del 2017… Japón!!! Un flash, un antes y un después,

Si uno quiere conocer un ejemplo de civilidad tiene que conocer Japón.
Creo que no hay lugar en el mundo más alejado de nuestra amada Argentina. La distancia se mide en los miles de km , en las 36 horas de viaje ( que se hacen eternas sea cual sea la conexión) pero también en el abismo cultural que nos separa.
Esa brecha que se manifiesta en el lenguaje, en el alfabeto , en la gestualidad pero fundamentalmente en los valores y actitudes que se transmiten en la sociedad.
Arigato Gozaimaste , en sus distintas variantes, más o menos formales, nos va a acompañar cada vez que interactuemos con alguien.
No importa si se trata del mozo, el empleado del hotel, el vendedor, o el que nos informa del horario del tren. No importa quien es el que tiene que agradecer en ese intercambio: todos agradecen!!!!! Y no una sino varias veces, acompañada de la consabida reverencia. Estamos en la calle y vemos grupos de hombres reverenciandose unos ante otros, nos preguntamos cuando terminan… no entendemos del todo el protocolo.
Junto con eso, el silencio, el respeto por el otro, el celular en silencio para no molestar a nadie, en el tren, en el subte, en el restaurante, en el lobby del hotel. No se escuchan celulares sonando, gente hablando en voz alta, música a través de los auriculares… en Japón; la meca de la tecnología!!! Pienso en viajes en subte en New York o incluso en Buenos Aires donde es inevitable ser oyente de mas de una conversación telefónica socio de los gustos musicales del vecino de asiento.

Subte a la mañana… camino al trabajo!
Bentos… snacks para viajes en tren…

Hay silencio, armonía, tranquilidad. Me explican que en los espacios públicos nadie tiene derecho de molestar o incomodar a otro, nadie tiene derecho a ensuciar, a hablar fuerte, a obligarlo a participar de conversaciones telefónicas.
Vemos dos chicos de cinco, seis años, mochila al hombro, uniforme de escuela caminando solos por la calle. Es una imagen inimaginable para un padre argentino, pendiente permanentemente de la seguridad de los chicos.
Preguntamos y nos contestan que es muy común que los chicos se vayan y vuelvan solos a la escuela, a hacer un mandado o a la casa de un familiar.
En Japón no hay problemas de inseguridad, no hay robos, no hay secuestros ( ni express ni de ningún tipo),no hay carteristas, y cualquiera está dispuesto a ayudar a un chico en la calle. Nadie tiene miedo de preguntar a la policía por ejemplo. Me acuerdo que cuando era chica y empecé a viajar sola en colectivo mi mamá me decía que ante la duda pregunte al vigilante de la esquina…. lejos quedaron esas recomendaciones en nuestro país) .
La estación de tren merece un capítulo aparte… en las cabeceras del recorrido personal de limpieza espera la llegada del tren, munidas de bolsas de residuos y cepillos de limpieza mientras los pasajeros hacen fila de costado para abordar el vagón una vez que bajen todos y los empleados limpien el mismo.
Cuando se acerca los limpiadores saludan a la locomotora y a cada uno de los pasajeros que bajan, mientras estos se deshacen de los papeles y restos de comida que puedan tener. Una vez limpio, todos suben ordenadamente, no hay gritos, no hay empujones, no hay malas caras por demoras, suciedad, o corte de servicio.
Viajar es un placer, sea que uno está de vacaciones, de excursión escolar o en día de trabajo.

Todo es estético, todo es armónico, todo es placentero. Vas a hacer una compra y el empleado se toma su tiempo para envolver el regalo, un papel delicado, una cinta que combine… Es la primera vez que traigo cada regalo con su respectivo envoltorio, porque es un regalo en si mismo.

Hay una contracara de este Japón tan idílico, el escape a través de los cómics sumamente eróticos, los bares de alterne con adolescentes occidentalizados, donde nos juran y perjuran que no se trata de sexo sino de conversación, de interactuar con el otro , los bares de gatos donde uno está rodeados de ellos solamente para el placer de acariciarlos, de tener un contacto físico, la infantilización de muchas mujeres, vestidas cual niñas, lo que parecería totalmente fuera de lugar en nuestros países.

Siento que no se termina de conocer Japón, que en algun punto es hermetico, que toda ese orden y esa perfeccion ocultan una dimensión que se me escapa a simple vista.

La vista, lo que se ve… siempre lo que vemos y lo que no vemos, lo que nuestra mirada no alcanza a ver.