El dólar a 57 nos distrae. Los memes, chistes y jingles nos hacen sacar una sonrisa y nos distraen.

Los comentarios y columnas de intelectuales, analistas y periodistas nos preocupan y nos distraen.

El problema esta en otro lado. El problema a mi modesto entender esta en lo distraídos y desconectados que estábamos antes.  Parece que vivimos en un país distinto, que la diferencia entre Buenos aires y el resto de las provincias que se remonta a la época de Unitarios y Federales y que estudiamos desde la escuela primaria con distintos niveles de profundidad sigue vigente.  Me duele seguir escuchando frases como: -que queres ¿son negros… votan con el bolsillo.

¿Quien me puede decir honestamente que no vota con el bolsillo?, quizás TAMBIEN pensando en otras cosas, libertad, seguridad, conexión con el resto del mundo, pero al final del camino todos o casi todos votamos con el bolsillo. Incluso cuando pensamos en un país para nuestros hijos y nietos la variable económica ocupa un lugar muy importante.

Buenos Aires es una urbe muy cosmopolita, la oferta cultural esta entre las primeras cinco del mundo compitiendo con Londres, Paris, New York. Los porteños nos consideramos muy europeos, muy primer mundo y a veces nos olvidamos de que somos solamente una parte del país, y una parte relativamente chica.

Amo mi país, me gusta ser argentina. Hace algunos años, cuando me preguntaron en que país me gustaría vivir si pudiera elegir dije sin ninguna duda: en Argentina. Hoy lo repito, pero ya no estoy tan segura si mis hijos y nietos van a volver a elegir este país.

Viajo por todo el mundo, me empapo de las distintas culturas y de la forma de vida de los otros, me maravilla la urbanidad de Japón, la seguridad de  Suiza, la educación pública de los países nórdicos, el progreso permanente de Israel, la amabilidad y servicialidad de los australianos, y la lista sigue y sigue, pero soy argentina hasta la médula y no puedo renunciar al cafecito porteño, a la charla distendida, al festejo multitudinario del día del amigo, a la pasión por el fútbol , incluso a la pasión por la política.

Muchos me van a decir, con justa razón que eso no es lo que  hace que uno privilegie este país para vivir, pero no puedo evitarlo. No me imagino viviendo en otro lado, y por eso me duele que no podamos salir adelante todos juntos, que no podamos elegir un modelo de país que nos convenza a todos, porteños y provincianos, clase alta y clase baja, religiosos y ateos, adultos y jóvenes.

No puede ser tan difícil. Al fin y al cabo, todos buscamos lo mismo. Un país que nos garantice seguridad, bienestar y paz para nosotros y para las próximas generaciones.

Pido por eso, rezo por eso, espero eso, para que dentro de unos años podamos estar sentados en una mesa larga, varias generaciones juntas, brindando por vivir en el país que nos tocó nacer, pero también en el que elegimos para vivir.